LA CUIDAD ETERNA por MI PEQUEÑO KOALA
LA CUIDAD ETERNA
Luis y Ofelia eran una pareja de ancianos felizmente casados. Ambos estaban muy enfermos y rondando los 80 años. A ellos siempre les gustó arreglar las cosas que estaban rotas, por eso, practicamente, su casa de campo la construyeron ellos solos. Solían tomar mates cada mañana mirando el noticiero.
Una mañana de otoño, alguien golpeó su puerta, lo que les resultó raro ya que no había vendedores que visitaran el pueblo. Luis se colocó las pantuflas y se acercó con paso lento hacia la puerta. Al ver que era un hombre bien vestido, con un portafolio, y con una mirada agradable y sonriente, lo invitó a pasar.
El hombre se llamaba Ricardo Anderson. Tuvieron una amable conversación esa mañana y prometió visitarlos una vez al mes cuando regresara al pueblo.
Los meses fueron pasando y Ofelia y Luis esperaban ansiosamente la visita de Ricardo lo cual los llenaba de alegría. En el octavo mes, el encuentro fue distinto, Ricardo llegó con una propuesta: dejar su casita en el pueblo e irse a vivir a un lugar paradisíaco en donde la gente no envejece jamás. Luis y Ofelia no salieron de su asombro cuando Ricardo les comentó que él acababa de cumplir 192 años, pero, aún así, la respuesta de ellos fue un rotundo no. Ricardo cambió su semblante y con un brusco ademán se fue de la casa dando un portazo, ya que necesitaba reclutar gente para que el poder rejuvenecedor no se desvanezca.
Luis y Ofelia, entristecidos por la pérdida de esa relación, se feuron a dormir sin poder conciliar el sueño.
A media noche, percibieron una feurte luz y movimientos extraños. Se asomaron por la ventana y, a su sorpresa, la casa se elevaba trasladándose varios kilómetros hasta volver a descender en un cálido y veraniego lugar. Temerosamente abrieron la puerta y se encontraron con Ricardo, quien les daba la bienvenida a su nuevo lugar de reesidencia: “La cuidad donde nadie envejece”. Ya no había retorno, y a pesar de su desontento, vivieron allí para siempre.
FIN
ALIAS: Mi Pequeña Koala
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