EL FARO POR THIAGO GOY

 

EL FARO

Era una tarde como cualquier otra cualquier en esta aburrida ciudad, los mismos pájaros que alimentaban a sus polluelos, los mismos chicos que jugaban a la pelota, el mismo vendedor de tortas de siempre, todo lo mismo. Yo estaba sentado en el mismo banco de siempre, me aburrí  de que todo fuera tan simple.

Ya estaba anocheciendo, lo único bueno que podía rescatar del día era el manjar de guiso que mi mamá hacia cada miércoles por la noche; estaba comiendo hasta que vi en la pared el retrato de mi padre, ese mismo padre que se había ido al mar en busca de un tonto tesoro y jamás volvió, dejándome a mí y a mamá sola, teniendo que hacerse cargo de mí para sacarnos adelante. La admiro muchísimo, pero no entiendo como todavía extraña a ese sujeto.

Pasaban los días y era todo igual, no ocurrían muchas cosas llamativas.

Estaba caminando por el rio de la ciudad, pero noté algo raro, había un barco muy viejo, roto y abandonado entre los demás. Ya que no tenía nada por hacer decidí explorarlo. Cuando entre, pensé que me iba a caer  de lo rotas que estaban las maderas. Seguí buscando más a fondo la nave. Parece que había entrado al cuarto del dueño del barco. Revise los cajones y encontré una foto. No lo podía creer. Era la foto de mi mamá, yo y… mi padre. No entendía lo que pasaba, pensé que no iba a saber nunca más de él.

Salí del barco corriendo no sé porque razón, pero cuando estaba afuera ya no era más de día, era todo de noche, desaparecieron todos.  A lo lejos vi a una persona con un faro, no sabía que hacer, volví primero a casa, pero no había nadie. Me estaba asustando, pero la curiosidad me ganó y regresé para ver a la persona en el faro; me acerqué hasta donde estaba y estaba de espaldas, cuando estuve a punto de hablarle se dio vuelta, me asusté un poco, pero quedé helado cuando capte que era el señor que había abandonado a mi mamá.

Decidí irme de ahí corriendo, me invadió un miedo y confusión que no supe mejor manejarla que salir de ahí. Volví al bote que me llevó a ese lugar. Me quede ahí un buen tiempo y cuando tuve una pizca de valentía  fui afuera. Por suerte todo volvió a la normalidad.

Pasaban los días y ya no era todo igual, me preguntaba cómo podía haber ocurrido eso y si me pasaría devuelta. Soñaba con él y no podía sacármelo de la cabeza.

 

 

 

Thiago Goy

3*C

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